Cómo elegir una tipografía adecuada para tu marca
Elegir la tipografía de tu marca no es “pon una letra bonita y listo”. Ojalá fuera tan fácil. La realidad es que el tipo de letra puede hacer que tu marca parezca seria, memorable y profesional… o que parezca un cartel improvisado hecho un domingo por la tarde con prisas. Y sí, se nota. Mucho.
Imaginate, estás montando tu web, preparando tu logo, o empezando con el branding, y de repente te encuentras con 300 fuentes abiertas y te entra una crisis existencial. “Esta me gusta… pero esta también… y esta… ¿y si uso tres?” Spoiler: no uses tres por usar. Respira, Lo ideal sería usar 2 tipografías máximo, una para títulos, otra para cuerpo de texto, incluso si quieres otra adicional para citas. Aquí te lo explico de forma fácil, con ejemplos y desde la experiencia profesional.

Por qué la tipografía es parte clave del branding y la identidad gráfica
Tu marca no es solo el logo. Tu marca es la sensación que le queda a alguien cuando te ve, cuando te lee, cuando entra en tu web, cuando se cruza un post tuyo en Instagram o cuando ve un cartel tuyo en una farola. Y ahí la tipografía es como la “voz” de la marca.
Piensa en esto: si tu marca fuese una persona, ¿cómo hablaría? ¿Con tono serio y elegante? ¿Con energía, frescura y cercanía? ¿Con un toque premium? ¿O con rollo artesanal, “hecho a mano”? Pues la tipografía hace exactamente eso, pero visualmente.
En diseño gráfico pasa mucho: gente que dice “quiero un branding moderno” pero luego elige una tipografía que parece de una invitación de boda del 2003. No es por fastidiar, es que a veces no somos conscientes de lo que transmite un tipo de letra.
De hecho, cuando trabajamos marcas desde una agencia de publicidad y marketing, hay una parte que casi siempre es decisiva: cuando cambiamos solo la tipografía, la marca de repente “sube de nivel” sin tocar nada más. Y el cliente suele decir: “ahora sí, ahora parece profesional”.
Tipos de letra principales: qué son, para qué se usan y qué transmiten
Aquí viene la parte de “familias tipográficas”, pero tranquila, que no te voy a soltar un manual aburrido. Solo lo que necesitas para elegir con criterio.
Las serif son las que tienen esos remates en las letras (como pequeñas patitas). Suelen transmitir tradición, confianza, elegancia y un punto editorial. Se ven mucho en marcas que quieren sentirse “premium”, con historia, o con un toque clásico. Imagínate una bodega, una joyería o una marca de cosmética de alta gama. Una serif bien elegida les queda como anillo al dedo.
Las sans serif son las limpias, sin remates, las típicas modernas. Transmiten claridad, actualidad, sencillez y profesionalidad. Son súper comunes en tecnología, servicios, empresas modernas y marcas digitales. Además, para web suelen funcionar muy bien porque se leen fácil en pantalla. Si quieres que tu marca se vea actual, ordenada y sin postureo, normalmente una sans serif es una apuesta segura.
Las script (manuscritas) parecen escritas a mano. Aquí hay dos caminos: la elegante tipo firma (que puede quedar brutal en un restaurante gourmet o una marca de moda) y la informal tipo “artesanal” (perfecta para panaderías, cafés o marcas handmade). El problema es que muchas script se leen fatal en tamaños pequeños, así que hay que usarlas con cabeza, no a lo loco.
Las display son las más atrevidas, las que tienen personalidad a saco. Son ideales para titulares, campañas, carteles y logos si quieres que la gente te recuerde. Pero para textos largos, ni se te ocurra. Son como un outfit llamativo: para impactar sí, para ir cómodo todo el día… complicado.
Y luego están las monoespaciadas (tipo “máquina de escribir” o código). Dan un aire técnico, retro o de sistema. No son para todo el mundo, pero si tu marca es muy tech o muy conceptual, pueden ser un puntazo.
Un mini ejemplo inventado (pero realista): hace tiempo un negocio de hamburguesas (rollo smash burger, moderno) estaba usando una tipografía serif súper fina, elegante. El logo parecía de perfume. Cambiamos a una sans serif potente y una display para titulares… y de repente la marca “sabía” a hamburguesa. Es una tontería, pero es así.
Cómo elegir tipografía según tu sector, tu público y tu personalidad de marca
Aquí va el método rápido que usamos los diseñadores cuando queremos decidir sin marearnos:
Primero: ¿qué personalidad tiene tu marca? Si tu marca es minimalista, no metas una fuente recargada. Si tu marca es creativa y atrevida, no elijas una tipografía que parece plantilla corporativa. Parece obvio, pero es el fallo más común.
Segundo: ¿a quién le hablas? No es lo mismo una clínica dental que una tienda de ropa urbana. Tu público tiene expectativas visuales. Si te sales demasiado, puedes perder confianza. Si te pareces demasiado, no destacas. Por eso el equilibrio importa.
Tercero: ¿dónde se va a ver tu tipografía? Esto es clave. Porque hay tipografías que son preciosas para un logo, pero luego en web no hay quien las lea. O tipografías que en pantalla son perfectas, pero en impresión pierden fuerza.
Lo más normal en branding profesional es usar un combo: una tipografía para títulos (con carácter) y otra para textos (súper legible). Con eso haces magia. Y encima te facilita mantener coherencia en todo: web, cartelería, diseño para redes sociales, publicidad, presentaciones… todo.

Tipografía en web y redes sociales: legibilidad, tamaños y coherencia visual
Aquí te voy a hablar como si estuvieras montando tu Instagram y tu web a la vez (que suele ser lo típico).
En web, la legibilidad manda. Si la gente entra y le cuesta leer, se va. No hay debate. La tipografía tiene que verse bien en móvil, que es donde te mira medio mundo. Interlineado, contraste, tamaños y pesos… todo suma.
En redes sociales, la cosa va aún más rápida. Tú tienes literalmente 1 segundo para que alguien pare el scroll. Si tu texto es fino, pequeño o tiene poco contraste, adiós. Aquí se nota mucho cuando una marca tiene un sistema visual pensado: tipografía consistente, jerarquía clara, titulares potentes y estilo reconocible.
Ejemplo inventado: una academia local empezó a subir posts con 4 tipografías diferentes según “lo que le apetecía” ese día. Un caos. Se hizo un sistema con dos tipografías (una fuerte para títulos y otra limpia para texto) y una estructura fija para carruseles. Resultado: el feed se veía pro, la gente entendía mejor el mensaje y subió la interacción. No por magia, sino por coherencia.
Errores típicos al elegir un tipo de letra (y cómo evitarlos)
El primero: elegir tipografía por moda. Hoy está de moda una fuente, mañana otra. Tu marca tiene que durar más que un trend de TikTok.
El segundo: mezclar demasiadas fuentes. De verdad, no hace falta. Dos suelen ser suficientes. Tres si sabes lo que haces y hay un motivo.
El tercero: no revisar licencias. Esto es un tema serio en publicidad y branding. Hay fuentes que no se pueden usar comercialmente o que requieren licencia. Y sí, puede darte problemas si haces campañas o impresión.
El cuarto: no probar la tipografía en un entorno real. No la juzgues solo en un mockup bonito. Prueba un titular largo, un párrafo, un menú, una bio de Instagram, una landing… Ahí se ve la verdad.

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